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Actitudes Frente a Riesgos

Ruben Palazuelos Romo

info@palazuelosconsultores.com

La gestión de riesgo ofrece un enfoque estructurado para reducir riesgos y tiene aplicación directa hacia causas de riesgo en el medio ambiente, en la tecnología y en las organizaciones, entre otras. La gestión de riesgo en empresas también es de gran utilidad para mejorar la continuidad de  las operaciones y en la mejora de los procesos. A pesar de sus grandes beneficios, la gestión de riesgo continúa como una de las áreas con atención limitada, tal vez debido a su natural incursión en el dominio de lo subjetivo y de la emoción.

Los sistemas de gestión para la calidad, gestión de proyectos y otros incluyen en sus requisitos la gestión de riesgo como un medio para mejorar la posibilidad de éxito de la organización. En la gestión, los riesgos con el potencial de mayor pérdida y el potencial de mayor probabilidad de ocurrencia son atendidos con prioridad. Sin embargo, la manera en que respondemos a riesgos potenciales no es siempre la más adecuada y nuestra respuesta a riesgos afecta a nuestra empresa. Es importante notar también que nuestra respuesta no es siempre la misma frente a los mismos riesgos; nuestra actitud respecto a la incertidumbre cambia y con ello cambia también nuestra posibilidad de prevenir problemas y de mejorar las posibilidades de éxito.

La percepción de un riesgo rara vez es por consenso en un grupo. Las opiniones de los integrantes pueden variar dependiendo de sus creencias sobre el contexto actual. Algunas personas ven un mundo incierto y totalmente impredecible, mientras que otras ven bajo riesgo y situaciones suficientemente controlables. Ciertamente, el amplio rango de actitudes frente al riesgo es influenciado por nuestras experiencias, conocimientos y por nuestra cultura en general.

Además, nuestra actitud frente a riesgos no es fija, sino que cambia conforme apreciamos diferencias entre lo que esperamos que suceda y lo que realmente sucede a nuestro alrededor. Entre más y mayores sorpresas experimentamos, mayor es nuestro cambio de actitud frente a riesgos, lo cual responde a la naturaleza de nuestra psicología: asociamos riesgo con temores. Esta asociación puede ser débil o puede ser muy fuerte, dependiendo de nuestras experiencias. 

Estos cambios en actitud ocurren durante nuestra vida hacia un extremo y hacia otro, según nuestra experiencia en el contexto en el cual nos encontramos. Una persona perceptiva y adaptable cambiará a una creencia para quedar en línea con el ambiente actual; al cambiar ese ambiente, la persona inicia un nuevo ajuste frente a riesgos en su vida personal o profesional. El grado de alineación de una persona o de una organización frente al riesgo influye en la posibilidad de éxito.

¿Qué significa esto en la gestión de calidad o en la gestión de proyectos?

¿Cómo ser más perceptivo de los riesgos? ¿Cómo aceptar la posibilidad de un riesgo? ¿Nos sentimos muy seguros? ¿Tenemos confianza extrema?

¿Cómo visualizar riesgos y consecuencias para despertar la necesidad de análisis y respuesta? ¿Se asignan los recursos adecuados a la gestión de riesgo o se considera el costo de estos recursos una pérdida relacionada con algo que probablemente no ocurra?

Es necesario aprovechar la diversidad en el equipo, las opiniones de expertos, revisar las experiencias propias y ajenas, evaluar el nivel de conocimientos, y reflexionar sobre actitudes.

Al tratarse de riesgo y probabilidad de eventos negativos, las personas con frecuencia actúan incorrectamente en base a la forma en la que el escenario es presentado y no en base a una evaluación objetiva del riesgo. La presentación incompleta o incorrecta del escenario puede llevar a malas decisiones en la organización. Un escenario puede presentarse incorrectamente debido a actitudes extremas frente a posibles riesgos.

Un análisis de escenarios crea diferentes situaciones, buscando eventos que pueden disparar los escenarios no deseables, considerando aquellos como un riesgo que debe atenderse de alguna forma. Es de beneficio simular una crisis como un ejercicio preparativo a las actividades propias de la gestión de riesgo.

Una actitud apropiada hacia el riesgo es saludable para toda empresa pues permite prevenir efectos adversos a sus objetivos.